¿Quién pensaría que un condenado rancherote con muchas ganas de cantar, sería uno de los íconos y precursores del Rock and Roll?
El “Hombre de Negro” (ojo, no existe ninguna relación con los de la famosa película) pidió una oportunidad a una modesta disquera para grabar la música que él más conocía, el Gospell; por supuesto que en ese lugar le dieron una palmadita en la espalda y le dijeron, “Ve a casa y regresa con una canción que pueda vender”.
Este personaje no se amedrentó (como buen rancherote) y regresó con canciones más comerciales y sobre todo, de su propia autoría, de su propio sentir.
No sólo consiguió el contrato con la disquera, se convirtió en poco tiempo en el exponente más importante de la música popular estadounidense e inspirador de muchos otros músicos de diferentes géneros, digamos Indie o rap, por mencionar algunos.
Hombre de voz profunda y poderosa, el cual nació con un alma atormentada, compuso temas que hablan de la culpa, penas morales y redención. Preocupado y compasivo por los hombres que vivían en prisión, filántropo incansable, atrapado en el mundo de las anfetaminas, pero sobre todo eternamente enamorado de su June Carter (tan es así, que muere a cuatro meses del fallecimiento de ella), única fuente de su felicidad.
Uno de los tres músicos que han sido admitidos en más de un salón de la fama: Salón de la fama del Rock, del Country y de compositores de Nashville.
Homenajeado por grandes en 1999; pero infinitamente humilde al iniciar sus conciertos con una sencilla frase: